Exclusión digital: Una nueva forma de analfabetismo en Argentina
Desde este espacio impulsamos, pedimos, exigimos, solicitamos, queremos, pretendemos y anhelamos que en nuestro país se ponga en marcha más temprano que tarde el proyecto OLPC, que el Estado adquiera el millón de laptops que hacen falta para los niños de nuestra escuelas, modo con el que comenzaría a achicarse la brecha digital.
Pero, qué es la brecha digital?. ¿Porqué necesita el país que se concrete rápidamente el proyecto OLPC? En el portal diarioHoy de La Plata se publicó una nota en donde opinan sobre este tema Carlos Achiary, el titular de la Oficina Nacional de Tecnologías de la Información (Onti), y Javier Díaz, el vicedecano de la Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata. Ambos dan interesantes visiones sobre esta relevante cuestión.
La nota completa dice:
La exclusión digital produce una nueva forma de analfabetismo en Argentina
Es un término acuñado en los ‘90, durante el boom de la informática. En nuestro país empieza a analizarse cuando se calcula que el 40 por ciento de la población está excluido. Inciden cuestiones geográficas, generacionales, sociales y económicas. Existen acciones para intentar achicar la brecha
El 40 por ciento de los argentinos no tiene acceso a las nuevas tecnologías de la información. En una inmensa cantidad de pueblos de la Argentina profunda no existe buena conexión a internet. Miles de personas no pueden incorporarse a ese sistema por no contar con los recursos económicos necesarios para hacerlo. Y otros no lo hacen por desconocer sus utilidades.
La brecha digital, un término acuñado en los años 90 por Al Gore en Estados Unidos, cuando se analizaba la falta de acceso de la población negra a las computadoras, explotó ahora en la Argentina, cuando las cifras oficiales indican que 4 de cada diez habitantes la sufren.
“De no ser incorporados esos argentinos al mundo de la alfabetización digital, vamos a generar un quiebre que originará un lastre importante para el país”, alertó Carlos Achiary, el titular de la Oficina Nacional de Tecnologías de la Información (Onti), durante el Congreso Usuaria 2007 realizado la semana pasada.
Fue el propio funcionario quien reveló las cifras del estudio realizado por la Onti. Aschiari remarcó en ese contexto la necesidad de implementar políticas de Estado acordes al nuevo desafío en tanto “los cambios que se suceden están volviendo obsoletas a muchas instituciones de la sociedad”.
Por eso definió como “obligatoria” la necesidad de que la problemática del analfabetismo digital resulte incluida en la agenda política.
Las estadísticas
No obstante, la situación Argentina en el concierto de las naciones de América Latina no es mala. Actualmente hay 10 millones de hogares, de los cuales 2,6 cuentan con conexión a internet, y 1,8 tienen con banda ancha. Estos últimos duplican la cantidad de hogares que tenían ese tipo de conexión en julio de 2006.
“Argentina se encuentra muy bien posicionada en lo que representa el nivel de conectividad de su población, con 13 millones de usuarios, lo que representa un 34 por ciento de su población conectada”, explicaron a Hoy desde la oficina que dirige Aschiary.
Sólo es superada por Chile, que tiene a un 42 por ciento de su población conectada. Montarcé agrega con respecto al uso de banda ancha que la situación de la Argentina “también es muy favorable”, ya que se encuentra por encima de países como Brasil y México. Pero en ese terreno también está por debajo de Chile, que tiene a un 5 por ciento de la población con ese tipo de conexión.
Pero el análisis de la brecha digital, que alcanza a aquellos que quedan afuera de esa estadística de inclusión, es mucho más que cuantitativa. “Deben tenerse en cuenta temas como la producción de contenidos en la nueva sociedad de la información, el resguardo de la identidad cultural, la promoción de actividades de investigación y desarrollo a nivel local, y el gobierno electrónico como transformación del Estado”, explicó Aschiary.
Y la cuestión económica no es la única arista que perfila el problema. También aparecen la falta de conocimientos para manejar esas nuevas herramientas, los obstáculos geográficos, las barreras impuestas por las discapacidades, y hasta un falta de conciencia sobre sus potencialidades.
Es Javier Díaz, el vicedecano de la Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata, quien abre el abanico de una problemática mucho más amplia de lo que aparenta. Con un simple ejemplo sintetiza cómo afecta esa barrera en la vida cotidiana.
“Siempre se habla de una democratización de la información porque existe una gran cantidad de servicios a los que se puede acceder a través de internet”, explica. Pero “eso es muy relativo porque quedan fuera de esa posibilidad todos aquellos que por alguna razón no acceden a una computadora o a una conexión de internet”.
Paradójicamente, ese servicio termina marginando a quien se supone debe ayudar. “Facilita la accesibilidad de un montón de gente que tiene PC en su casa o en el trabajo, pero otra gran cantidad, que es la que necesita ayuda, sigue en la misma situación. O peor, porque agrega una nueva exclusión”.
De la brecha o división digital, explorada en los años 90, se evolucionó al concepto de inclusión digital. En ese entonces se trabajó, según Díaz, sobre otras de las variables de exclusión: la geográfica. “Apuntar a un acceso igualitario tanto en las ciudades como en las zonas rurales”. Los logros son todavía relativos, pues existen una gran cantidad de pueblos en los que las conexiones a internet aún no son masivas ni de buena calidad.
La cuestión generacional es otro aspecto para analizar. Es una variable obvia si se piensa en los adultos que crecieron en un mundo sin red de redes y tampoco tuvieron la posibilidad de actualizarse. Pero aparece más compleja si se piensa en la generación de la computadora: los adolescentes de hoy que tienen todas las herramientas, que no conciben un mundo sin esos equipos, pero que sin embargo no hacen un uso correcto.
“La mayoría usa las computadora e internet sólo para jugar o para chatear, pero difícilmente conviertan eso en una herramienta de verdadera comunicación, en un espacio para publicar sus ideas, o para encontrar recursos con los cuales alimentar su conocimiento”, sintetiza Díaz.
Fuente: diarioHoy
4 de Septiembre de 2007 - Posted in Proyecto abierto de inclusión digital, Noticias Generales |



Comentarios
Algunos especialistas consideraron alguna vez que el avance de las nuevas tecnologías provocaban perjuicios a nivel social y hasta las catalogaron de destructivas. El hecho es que la tecnología no es mala en sí misma sino que depende del uso que hagamos de ella. Resulta muy valioso dar una vuelta de tuerca a aquellas convicciones para entender que deben existir políticas de inclusión, en este caso digital, para achicar la brecha entre generaciones y concientizar a los jóvenes del uso racional que deben hacer de ello. Si lo entendemos así, podremos enriquecer el aprendizaje, con una herramienta típica de nuestros tiempos postmodernos. Aliento la propuesta! ´
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